El primer amor

El primer amor

         Ella sabe lo que él guarda en ese cofre: la foto de su primer amor.

        Siempre se ha sentido intrigada y, por qué no decirlo, celosa, de la mujer allí oculta. Aunque él nunca lo abre, el cofre ocupa un puesto preeminente entre sus pertenencias, dispuesto en el lugar exacto de su mesa de trabajo, el lugar al que sus ojos se dirigen cuando alza la vista de sus papeles. Alguna vez le ha visto acariciar la tapa de madera labrada, con un mimo que raramente surge cuando está con ella. Imagina que la foto podría ser de una aventura de verano adolescente, o tal vez de una compañera de la facultad de su primera juventud, incluso quizás de una cándida niñita de sus años de colegio.

        Ha encontrado la llave por casualidad, escondida en una caja de cerillas dentro de su mesilla de noche. Duda… y se decide. Nerviosa y excitada, abre con torpes dedos el misterioso cofrecillo. Encuentra un folleto a todo color, que explica detalladamente las múltiples posibilidades de los orificios de una chillona muñeca hinchable.

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