Te necesito

Te necesito

        —¿Puedes traerme paracetamol a casa, por favor? Tengo una fiebre altísima, me encuentro fatal.

        —Claro, en cuanto salga del trabajo me paso.

        Ella cuelga, sorprendida. Él jamás le ha invitado a su piso, nunca ha querido que ella invadiera la intimidad de su guarida. Pero esta llamada de auxilio prueba que, en los momentos de angustia, es a ella a quien recurre. Aunque le cueste reconocerlo, sí que significa algo para él.

        A las diez de la noche, pulsa el timbre del telefonillo de su portal.

        —Hola, soy yo, te traigo las pastillas.

        —Ah, gracias, pero he encontrado una caja que tenía guardada. Nos vemos mañana, ¿vale? Que descanses —se despide la voz distorsionada.

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