Depredador

Depredador

        Se emparejaron por instinto. Juntos eligieron a un matrimonio anodino, vulgar, y alquilaron el piso contiguo. Empezaron poco a poco: un día restregaban mierda de perro en su felpudo, al otro les robaban la ropa tendida, al siguiente arañaban su puerta con un destornillador… En la cena brindaban por el éxito de sus incursiones durante la jornada y diseñaban entre risas la próxima estrategia. Él tomó la costumbre de orinar en su buzón, y ella bloqueaba el timbre del portero automático con cinta adhesiva cada vez que salía a la calle. Tiraban bombas fétidas en los maceteros de las ventanas, y vigilaban para saber cuándo estaban ausentes para romper sus cristales a pedradas. Llegó el momento en que se sintieron preparados para la ofensiva final: comenzaron con los anónimos, luego las llamadas de teléfono de madrugada, pintadas con símbolos satánicos en el descansillo, un pollo muerto y destripado colgando del picaporte… Una noche quemaron su coche, después de dibujar una diana en la acera; después, se corrieron una buena juerga hasta el amanecer.

        El vecino acabó desarrollando paranoia, su mujer se hizo adicta a los tranquilizantes. De un día para otro, desaparecieron del barrio.

        No necesitaron salir de caza. A los dos meses, un nuevo matrimonio anodino, vulgar, ocupó el piso vacío.

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