Un mundo mejor

Un mundo mejor

        Era el hombre más bondadoso que había conocido, siempre dispuesto a mejorar la vida de los demás: tanto daba que fuera por algo tan banal como indicar una plaza de aparcamiento libre a un completo desconocido, como por la ternura y el inmenso mimo que derrochaba con sus ancianos padres. Activo sindicalista en su puesto de trabajo, compaginaba su tiempo libre con el pequeño colectivo de promoción cultural del barrio. Para sus amigos no tenía horarios ni había obligaciones que le restringieran cuando alguno le necesitaba. La admiración que sentía por él era inconmensurable; por eso le amaba.

        Siempre se citaban en el mismo lugar, junto al estanque del parque, para luego continuar la velada en el cine o en algún restaurante. Ese día ella llegó antes de la hora acostumbrada y le sorprendió tirando piedras al agua. Cuando se acercó a la orilla pudo comprobar su verdadero propósito: ejercitar su puntería con los patos que nadaban tranquila y mansamente. Y no fallaba.

        Nunca olvidará la ferocidad de su cruel mirada.

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