La pérdida

La pérdida

        A las nueve en punto el hombre entraba en el bar, se acodaba en la barra y pedía un whisky tras otro. Era la viva imagen de la desolación, un hombre acabado, hundido. Nunca conversaba con nadie y a medianoche se marchaba tambaleante. A la jornada siguiente, lo mismo.

        El camarero, al fin, se decide a hablarle:

        —Disculpe, pero le veo por aquí cada noche y… si necesita desahogarse con alguien…

        —Déjeme en paz. Estoy intentando sobrellevar la muerte de mi mujer.

        —Perdóneme, le acompaño en el sentimiento.

        —¿Pero qué dice, hombre? Mi esposa está estupendamente y goza de excelente salud. Pero cuando pienso en que me va a dejar solo…

        Vacía su copa de un trago.

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