Deseo concedido

Deseo concedido

        Todos los días rezaba para que él se fijase en ella. Cuando un día notó la intensidad de su mirada, se convenció de que era un designio divino y se entregó por completo a ese hombre.

        Según fue pasando el tiempo, los ojos de él fueron perdiendo el brillo. Sus pupilas se cansaron, sus párpados se clausuraban sin piedad cada noche, y su vista perseguía alegre el andar de otras mujeres. Pero ella siguió aferrándose a aquella verdad, que consideraba absoluta.

        No podía llevarle la contraria a Dios.

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