Sol naciente

Sol naciente

        Ella enseñaba japonés. Él se enamoró perdidamente desde la primera clase. Se convirtió en un experto en la ceremonia del té, que le servía con devoción. Estudió la compleja caligrafía japonesa solo para escribirle la palabra «amor». Cada día la sorprendía con complicados ornamentos de ikebana para alegrar la casa, y la obsequiaba con un pequeño animalillo de origami cuando volvía de trabajar.

Cuando descubrió que le engañaba, su mundo se derrumbó.

        Dispuso todo lo necesario para el ritual. El hara-kiri sería su último y supremo acto de entrega, con el que demostraría todo el desgarro de su dolor. En el último momento, su mano se detuvo: «No le voy a dar el gusto. No se lo merece, después de todo lo que he hecho por ella».

Se ahorcó colgándose de la lámpara del salón.

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